Uzbekistán
Grandes Viajes, Uzbekistán

Uzbekistán

  1. Khiva
  2. Trayecto Khiva a Bukhara
  3. Bukhara
  4. Bukhara 2ª Parte
  5. Samarkanda
  6. Samarkanda 2ª Parte
  7. Cruzando la Frontera entre Uzbekistán y Kirguistán

 

Llevábamos tiempo queriendo ir a Asia Central y Uzbekistán parecía ser un buen punto de partida. Ese lugar alejado de todo, en el centro de nada, sin interés turístico para los viajeros de capitales, pero con la curiosidad suficiente para atraer nuestra atención. Habíamos leído sobre Alejandro Magno, sobre Tamerlán y sus acuerdos diplomáticos con Enrique III de Castilla y en definitiva sobre esa inusual mezcla que supone ser un país musulmán con raíces soviéticas. Todas ellas suficientes razones para organizar un viaje que nos llevase hasta la mítica Samarkanda. Y como se puede ver en nuestro planing, Uzbekistán es un país con una distribución de días muy clara: resulta obligatorio acudir a Khiva, Bukhara y Samarkanda. Más allá de estas tres ciudades, resulta opcional acudir a Tashkent, por tratarse de una ciudad moderna sin aparente interés histórico,  así como Nukus (la ciudad más cercana al extinto Mar Aral) que puede ser una opción para aquellos que quieran contemplar ese desastre natural que supuso el asesinato de un mar a manos de un pueblo. Destacar también el museo de arte de la ciudad, con una sala destinada a arte moderno (1890-1930) impulsado por un coleccionista privado que atestigua haber guardado y recuperado gran parte de las expresiones vanguardistas rusas. Finalmente merece la pena citar también el Valle de Fergana, una zona rica en producción de algodón que permite realizar algún trekking. Sea como fuere, estas últimas referencias son completamente secundarios respecto de las ciudades principales y nosotros recomendamos, en caso de tener más días, emplearlos en cruzar la frontera con destino Kirguizstan.

Planing del viaje con trayectos internos y estancias en ciudades
Trayectos en Uzbekistán. Verde en avión, rojo en taxi y azul en tren. Los números rojos indican las noches que estuvimos en cada lugar.

Salimos el 01/08 de Madrid a las 23:30 en dirección Moscú. El avión de Aeroflot no es el más cómodo en el que hayamos montado. Hay barullo en la cabina y resulta difícil conciliar el sueño; Naara sin embargo acaba dormida en menos de media hora. A eso de las 5am empiezan a servir el desayuno. En un momento dado veo que una azafata viene preguntando por mi nombre: “¿menú kosher?”, “sí, es mío” respondo tajantemente mientras recuerdo el momento en el que, por curiosidad, indiqué el menú judío como preferencia en mi perfil del programa de fidelización de la aerolínea.

It’s kosher time!

Llegamos a Moscú a las 5:00 hora española, una hora más en Moscú. El control de pasaportes para el tránsito es lento y la puerta para el siguiente vuelo queda bastante alejada, a 20 minutos. Vamos tranquilos, el vuelo Moscú-Tashkent no sale hasta dentro de 2 horas, nos da tiempo a caminar relajadamente por el aeropuerto Sheremétievo.

Empezamos a notar algo de cansancio, no haber dormido me hace ver el día que tenemos por delante con cierta preocupación. No en vano, nuestro vuelo inicial a Urgench ha sido cancelado y redirigido a Nukus, donde la aerolínea nos transportará hasta Urgench en un viaje de autobús de 4 horas por el desierto. En previsión de posibles retrasos, compré el vuelo TAS-URG para las 19h. Sin embargo, considerando nuestro nuevo destino, y que luego debemos tomar un autobús a Urgench, decidimos hacer lo posible por adelantar nuestro vuelo TAS-NUK al horario previo (15h) con el fin de coger cuanto antes el autobús que nos llevará a Urgench.

El vuelo a Tashkent transcurre de forma tranquila. Tras recoger el macuto facturado, nos disponemos a salir de la terminal sin tener muy claro dónde podremos cambiar el horario del próximo vuelo. El aeropuerto no tiene muchas indicaciones, tampoco parece haber indicaciones para el tránsito a otras terminales. Decidimos cambiar dinero, 200€. De repente nos vemos con dos tacos de billetes que no alcanzan a ser cogidos con una mano, 1.800.000 SOMs. Preguntamos en los counters de salida por el vuelo TAS-NUK, nos dicen que tenemos que acudir a la terminal doméstica, que está separada de la internacional. Aprovecho y le pregunto por el coste en taxi de este trayecto, “no más de 5.000 SUMs” me responden. Salimos y la turba de taxistas acude a nosotros. “Five thousand” repito constantemente. Algún taxista me responde indignado, algún otro trata incluso de argumentarme los costes que debe asumir y el precio correspondiente. Ni Naara ni yo somos buenos negociantes, y venimos de estar volando durante 10h, “ten thousand is OK”. El hombre con el que hemos cerrado el precio nos lleva hacia un pequeño Chevrolet Spark conducido por su abuelo, un hombre que rondará los 80 años. Sin cinturones en los asientos traseros, compruebo como Naara empieza a descubrir lo que significa viajar por Asia.

Sala de llegadas en terminal internacional, blink blink!

Tras llegar a la terminal de vuelos nacionales, vemos cómo están facturando para el vuelo TAS-NUK de las 15:45h. Nos acercamos y les pedimos si pueden meternos en dicho vuelo, el chico de facturación nos dice que no, “the flight is full”. No puede ser, antes de decirnos nada ha mirado a su supervisor, así que decido ir al counter del supervisor, hay que llorar un poco. “Ey c’mon, we were actually flying to Urgench not Nukus…”. Nos pide los pasaportes con cara de condescendencia, comprueba algo en el ordenador, habla por el walki, vuelve a mirar en el ordenador. “You may have to pay something…”, “cool! how much?”. Mira de nuevo el ordenador, imprime dos tarjetas de embarque, las mete en los pasaportes y nos lo entrega todo “I did it for free” dice. “Spasiva, spasiva” le respondo mientras le doy la mano y me inclino hacia delante en forma de sutil reverencia.

El avión, un 320 de Uzbekistan Airways, está prácticamente lleno cuando subimos a él. Nos sentamos separados por el pasillo, pero en cuanto el hombre de mi lado descubre que viajo con Naara, se ofrece para cambiarse y dejarnos juntos. Al momento aparece una azafata ofreciendo vasos de agua. 2 minutos de taxi por rampa, v2 y rotate, en pocos momentos estamos cruzando el desierto de Kitzilkum (arenas rojas) y en menos de 1 hora estaremos llegando a Nukus.

Es una ciudad extraña; si ya las ciudades uzbekas parecen ser pueblos grandes, acaso esparcidos en grandes superficies con avenidas desérticas y no muchos coches, esta ciudad parece ser simplemente eso. Al aterrizar salimos de la terminal y vemos el autobús que nos espera para transportarnos a Urgench. Esperamos más de 1 hora para que vayan subiendo todos los pasajeros. En la espera, uno de los taxistas se aproxima para ofrecerme cerrar el precio de un taxi Urgench-Khiva una vez que termine el trayecto en autobús. 70.000 SOMs por lo que será un trayecto de casi 40 Km. Me pide el nombre para que su contacto pueda identificarnos una vez lleguemos.

Nuestra habitación en Orient Star Khiva

El viaje en autobús se hace algo pesado… La carretera está llena de baches y lo que debería ser un trayecto de 1 hora se convierte en 3 horas. Medio dormidos, bastante cansados y sin ganas casi de nada, acabamos llegando a Khiva. Nuestro hotel, el Orient Star resulta ser una antigua Madrassa reconvertida en alojamiento para turistas, un verdadero lujo a precio de risa. Tras hacer el checkin nos dirigen a nuestra habitación, un lugar con mucho encanto, recogido pero amplio (con dos estancias separadas y un baño) que incluye una terraza con vistas al minarete principal; una maravilla por menos de 60€ la noche con desayuno. Un precio que pese a ser alto para el nivel que hay en Uzbekistán, resulta perfecto para nosotros considerando que era la primera noche. Volvemos a recepción, preguntamos por un lugar para cenar y nos recomiendan Terrassa, a menos de 2 minutos a pie. Aprovechan para quedarse con nuestros pasaportes para preparar las fichas de pernoctación, un papel esencial a la hora de salir de Uzbekistán y demostrar el lugar donde se ha dormido durante la estancia.

Shashlik de verdad!

El restaurante es muy recomendable: hay shosliq (pinchos de carne a las brasas) y cerveza baltika fría, todo ello en una terraza donde corre el aire, a la luz de las velas y bajo un cielo estrellado, casi en medio del desierto, justo en pleno Asia Central.

2 thoughts on “Uzbekistán

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