Trekking – Vuelta a Langisjor II
Islandia

Trekking – Vuelta a Langisjor II

Despertamos tras la primera noche muy pronto en la mañana. Seguimos con las ganas e ilusión del inicio de la travesía y el tiempo nos está acompañando. Aunque ha sido una noche fría, rápidamente nos ponemos a tono preparando agua caliente con nuestro camping gas y tomando un café soluble con algo de chocolate.

Sale el sol!

Nos ponemos en ruta y vamos avanzando kilómetros. El día es perfecto, la temperatura es buena y pese a que sopla bastante viento, la caminata se hace muy agradable. Disfrutamos el hecho de poder ir avanzando y contemplar el horizonte hacia el que nos dirigimos, con un paisaje limpio que sin embargo va cambiando de textura por momentos: pasamos de una zona completamente volcánica a un campo de musgo sin olvidar las montañas de arena intercaladas por neveros que todavía aguantan pese a ser casi final de verano.

Comprobando la ruta

En esta ocasión nos toca hacer el tramo morado de la ruta. Debemos cruzar Faxi Hut, avanzar por una zona desértica sin apenas marcas ni señales, llegar al punto más meriodional del lago Langisjor y hacer un pequeño giro que nos haga alcanzar Sveinstindur Hut, un pequeño refugio donde tenemos reservada la noche.

A medida que vamos avanzando el cielo va cambiando: primero empieza la lluvia, luego el viento y acabamos metidos en medio de una tormenta. Es justo la hora de hacer una parada para comer y confiábamos en poder calentar agua para prepararnos unos paquetes de comida deshidratada. Tenemos la suerte de encontrar una pequeña ladera rocosa en la que refugiarnos ligeramente del viento y preparar el tinglado que supone la mini bombona de gas y la superior estructura metálica que suporte el cazo de agua. Pasamos mucho frío mientras comemos, así que al poco de acabar emprendemos de nuevo la caminata hacia Langisjor. Sin embargo el panorama no deja de complicarse: llueve tanto y hace tanto viento que cuando llegamos al lago, no echamos siquiera fotos. En el siguiente vídeo se ve la llegada.

Rápidamente ponemos rumbo a Sveinstindur Hut. Nos costará llegar más de lo que imaginamos al principio. No hay camino, orientarse es muy complicado con la oscuridad de la tarde y la nube de lluvia encima nuestra. Además hace un viento infernal y por supuesto estamos calados hasta los huesos, pero al menos el calor de la caminata nos mantiene calientes. Tenemos claro que debemos bajar la falda del monte Sveinstindur y, en teoría, una vez en alcanzado el río, encontraríamos el refugio. Sin embargo no sabemos por donde bajar, la montaña que descendemos tiene una caída muy pronunciada y está llena de rocas, haciendo que podamos resbalar facilmente. En un momento paramos para contemplar el glaciar Vatnajökull, el más grande de Europa, con un brillo blanco que acaso confundimos con el horizonte, pero que se abre paso entre la tempestad.

Llegada al lago y ruta de bajada al refugio Sveinstindur

 

Finalmente parece que damos con el trazado, debemos descender parte del collado en el que estamos y en un momento en el que estamos casi despeserados, acabamos viendo el refugio. Su situación es tan escondida que hace imposible hacerse a la idea de cómo llegar. Durante la bajada contemplamos una vista preciosa y tratamos de echar unas fotos que por supuesto no hacen justicia a la belleza del momento. Las pozas y requiebros del rio que se ve al fondo se corresponden con el detalle del mapa superior a la derecha de Sveinstindur Hut. Y las fotos sirven en cualquier caso para mostrar el momento complicado por el que estamos pasando, hasta un punto en el que las capas que llevamos para protegernos de la lluvia se acaban rajando entre el viento y el frío, quedando en una especie de arapo con múltiples retales.

Literalmente en medio de la tormenta

Finalmente llegamos al refugio y amainó la tormenta.

Refugio de Sveinstindur. Sin rastro de persona en meses.

Han sido 35km de ruta (33km oficiales pero 2km por los múltiples errores que cometemos en el tramo final hasta llegar al refugio) cargando con 14kg. Al llegar aprovechamos para desplegar todo el confort que ofrecen los refugios de Útivist (que es la asociación turística de montaña que mantiene estos refugios) encendiendo el calefactor de gas y calentando agua sin parar. Lo celebramos con un buen té caliente y una ración deshidratada de lentejas con chorizo que nos saben a gloria.

Lentejas, té y paracetamol.

 

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