Trekking en Valle de Alay – 2ª Parte
Kirguistán

Trekking en Valle de Alay – 2ª Parte

En cuanto amanece se va escuchando movimiento en torno a las yurtas: la mujer revolotea por el “campamento” preparando el desayuno, el perro juega con los niños mientras van sacando el ganado hacia la montaña… Nosotros remoloneamos entre las mantas, queremos aprovechar algún rato más de sueño. No os ovamos a engañar, dormir sobre un pastel de mantas y alfombras no es lo más cómodo del mundo: se nota el suelo, la irregularidad del terreno y en definitiva el hecho de no tener un aislante que acolche ligeramente. No hay queja respecto de la temperatura, y eso que el reloj ha marcado los 2º en mitad de la noche. Empacamos y nos despedimos de la familia, no sin antes hacernos una buena foto.

Echamos a andar pronto y empezamos la subida empinada por una zona montañosa que nos llevará al paso que cruza de un valle a otro. Me cuesta más de lo normal pero Naara va subiendo sin problemas, así que seguimos sin pausa esperando encontrar un receso pronto.

Iniciamos la ruta el día 2

Tras casi dos horas y media llegamos al paso, donde encontramos otra familia Kirguí con su Yurta y el ganado en torno al campamento que tienen montado. El guía empieza a hablar con el padre mientras nosotros aprovechamos para descansar y beber algo de agua. Mi estómago está demasiado suelto, definitivamente algo me ha sentado mal y desaguo todo lo que como. Soy consciente de que caminando puede ser problemático ya que al sudar gastamos más sales de lo normal, así que decido beber mucha agua, más de lo normal.

Estamos sentados contemplando los picos que asoman hacia el sur, muy probablemente uno de ellos sea el Lening Peak con más de 7.000m. Sin casi darnos cuenta sale la hija del hombre con el que habla Timur, y nos trae a cada uno un bol de kéfir de leche. No tengo nada de apetito, pero me obligo a tomarlo ya que los probióticos pueden venirme bien para estabilizar el estómago. Nos hacemos una foto con ellos y continuamos con la caminata.

Reescribiendo todos estos recuerdos paso por alto la emoción que sentí en el momento en que esa familia nos recibió con el kéfir. No pude contener alguna lágrima al comprobar la bondad de la gente y su cálido recibimiento a completos desconocidos como somos nosotros. Su gratitud e ilusión por ver gente tan lejana visitando su entorno les hizo sentir verdaderamente orgullosos, nos dijo Timur. A medida que nos fuimos caminando, y a pesar de lo mal que me empezaba a encontrar, sentí una felicidad genuina, una especie de calma cósmica por haber tenido un encuentro tan reconfortante con gente con la que siquiera fui capaz de entablar palabra.

El encuadre no es el mejor, Timur tiene mucha fotografía que aprender…

Seguimos caminando y cada vez soy más consciente de mi deshidratación… Cada bocado que entra sale en forma de líquido y no asimilo la energía que necesito. Estamos a menos de 5km del punto de recogida, sin embargo la bajada se me está haciendo eterna. Seguimos avanzando y cuando llegamos al camino nos está esperando el 4×4 de la CBT. Hacía tiempo que no me sentía tan cansado, Naara sin embargo se encuentra con energía y a pleno rendimiento.

El coche nos lleva a Osh de nuevo, pero antes hacemos una parada en un puesto de carretera donde probar Kurut. Son una especie de bolitas de yogurt fermentado al que le añaden bastante sal y acaba quedando como si fuese un queso deshidratado con un sabor agrio y salado. Así explicado no suena muy bien… en boca tampoco mejora la cosa la verdad. Sin embargo es curioso de probar. Los kirguís lo usan como “snack” y suelen tomarlo con cerveza. Atestiguo que tampoco hacen tan mal, ya que en condiciones pésimas estomacales no me hicieron ningún daño.

No está muy rico… pero es sabroso cuanto menos!

Llegamos a Osh y el coche nos deja en nuestro querido Eco House. En cuanto llegamos nos tiramos en la cama y dormimos 3/4 horas. Al despertar aprovecho para preparar una cantimplora de suero. Entre el botiquín a llevar a cualquier viaje, siempre es bueno echar un par de bolsas de Suero Oral (en mi caso marca Casen con sabor narajna). Es algo verdaderamente asqueroso, ya que supone beber agua con sal y un regusto final a naranja, pero es verdaderamente lo único que consigue alimentarte cuando no eres capaz de asumir el procesado de alimentos.

Aprovechamos para dar un paseo por Osh e ir a cenar a Tsarskiy Dvor, una sitio de carne y verdura a la parrilla donde acabamos pidiendo un combinado de fruta que incluye sandía, melón, kiwis, plátano… Y por supuesto cerveza refrescante. Os lo recomendamos porque es de los pocos sitios con valoraciones positivas en Osh, un lugar donde no parece haber gran oferta culinaria.

Terminamos el día con mucho cansancio pero felices de haber cumplido uno de los objetivos del viaje: adentrarnos en las montañas Kirguís, dormir en yurta, conocer a su gente, integrarnos con ellos y disfrutar de la cotidianidad de la vida rural en la montaña. Hemos hecho buena amistad con Timur, nuestro guía y nos sentimos felices de haber contribuido al desarrollo de la economía local del lugar.

El viaje continúa mañana, cuando tomaremos un 4×4 camino de Song Kul, haciendo escala en Kazaarman.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.