Samarkanda 2ª Parte
Uzbekistán

Samarkanda 2ª Parte

Llegamos ayer a Samarkanda y pudimos pasarnos la tarde paseando tranquilamente por el Registán y el Mausoleo de Tamerlán. Pero Samarkanda es mucho más… Despertamos pronto y tras un desayuno con vistas acudimos al mercado central, a menos de 5 minutos del hotel Bibikhanum. Se trata de un lugar gigante, con zonas claramente diferenciadas en las que encontrar alimentación, electrónica, utensilios para el campo y el hogar, telas, material de construcción y un larguísimo etcétera. Por un momento recordamos lo que es vivir en un lugar sin tiendas multiusos y sin acceso a internet para comprar en grandes portales.

Cilantroooooo!

La sección de panes en el mercado es muy recomendable. Resulta curioso descubrir lo bueno que son los dos tipos de panes que probamos, lo barato que resulta hacerlos y lo saludables que son. Duran frescos cerca de cinco días y no se ponen duros. Todo esto nos hace pensar en la fiebre por el pan de masa madre que hay en estos momentos en España, generando un mercado de panes «premium» con un precio muy alto por un producto cuyos costes son mínimos.

Pan de torta Uzbek

Una vez visitado el mercado, merece la pena caminar hacia la nueva mezquita. Allí es posible andar todo el paseo hacia el noreste que lleva hasta el Afrosiab Museum. Antes se pasa por la mezquita Hazrat-Hizr, recientemente renovada con fondos de Araba Saudita en un ejercicio para mantener viva la llama del Islam en Uzbekistán. Siendo sinceros, el museo no es gran cosa… de hecho pone de manifiesto una vez más el poco conocimiento museístico de los uzbekos. Más bien diría el poco sentido común, ya que hay piezas puestas en el suelo sin más inscripción que un post-it en ruso. No hay prácticamente explicaciones y tampoco existe un itinerario para recorrer las diferentes salas. De cualquier forma, merece la pena contemplar las ánforas, utensilios y más hallazgos a través de más de 10 capas de civilización que se han ido encontrando en la zona.

Para terminar, tratamos de seguir andando hasta la tumba sagrada del profeta Daniel (del antiguo testamento). Sin embargo no hay indicación alguna, la carretera por la que caminamos está desierta y el calor es sofocante, así que tras varios km sin encontrar nada decidimos dar la vuelta.

15km en 4h

Como podéis ver, nos quedamos muy cerca de la tumba del profeta Daniel. Tampoco es que tuviésemos especial interés en visitarla, pero se convirtió casi en un reto. De vuelta a Samarkanda decidimos ir andando hasta el restaurante Platan, un lugar totalmente sobrevalorado que no merece la pena visitar. Llegamos a medio día y el servicio fue lento, acaso desinteresado, y comimos un Plov que no era gran cosa. Parece ser que por las noches es un lugar con mucho más esplendor, sin duda por aquello de tener una decoración rollo club privado Europeo que lo hace atractivo para los Uzbekos de dinero. Pero como decimos, no vale la pena y recomendamos acudir al restaurante Samarkanda siempre que sea posible.

Aprovechamos la tarde para comprar postales y sentarnos a escribirlas tranquilamente. Lo hacemos en la avenida Islom Karimov Ko’chasi, un lugar lleno de vida en el que sentarse a ver la cotidianidad de una ciudad llena de niños, de novios haciéndose fotos de boda, de familias paseando. Reflexionamos sobre lo que hemos visto en Uzbekistán, como ha cambiado nuestra percepción sobre el país y las cosas buenas con las que nos quedamos. Los dos estamos sorprendidos por la calidad de vida de un lugar que pensábamos mucho más atrasado y que sin embargo tiene avances muy importantes. Sanidad Pública (para enfermedades generales), educación pública universal y gratuita, una red de infraestructuras creciente… En definitiva un lugar en crecimiento, con dejes autoritarios soviéticos, pero muy consciente del cambio de los tiempos. Bailando con un Islam moderado, pero sin perder su esencia religiosa.

Mañana nos despediremos de Samarkanda dejando atrás lo que en tiempos de Alejandro Magno fue Transoxiana (más allá del río Oxos, hoy Amur Darya). Hemos leído mucho sobre el lugar crucial que fue en la ruta de la seda, sobre todo en su travesía por los desiertos Karakum (arenas negras) y Kitzilkum (arenas rojas). Nos quedamos con el tamaño y encanto de sus madrasas y mezquitas, con el cirílico y árabe intercalado por todos lados. Con el shaslik y el plov, con Baltika bien fría y con el genial Rasul.

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