Lanzarote
Escapadas, Lanzarote

Lanzarote

Y Cesar Manrique tenía razón. Su visión de un desarrollo sostenible de la isla, era una apuesta a futuro que marcaría la diferencia respecto del resto de las Canarias. Habíamos leído sobre él, sabíamos de la importancia de su figura en la isla, sin embargo no conocíamos el alcance de su obra ni la inspiración que supondría su legado. En contra de la idea preconcebida de este lugar, decidimos visitar Lanzarote alejándonos del turismo masivo de costa, vagabundeando por pequeños pueblos del interior como Teguise, Yaiza o Femés. Y así fue como durante algo más de una semana, estos pueblos se convertieron en nuestros lugares comunes, puntos de retorno tras días de exploración, calles en las que deambulear sin destino de vuelta a casa.

Leo que la isla debe su nombre a Lanceloto Malocello, descubridor genovés del s.XIV, aunque mucho antes se conocía como Titerogakaet, palabra berber ligada al tuareg “tetergaet” o “la que está quemada”. Y como anticipábamos, la isla no se entiende sin la figura de Cesar Manrique, un artista polifacético, pieza clave del ecologismo en las Canarias y a quien debemos cosas como no ver vallas publicitarias en las carreteras o un desarrollo urbanístico responsable con la arquitectura insular.

Seguimos leyendo y encontramos una entrevista en la que tras su paso por Nueva York, Manrique explicaba:

«... más que nunca siento verdadera nostalgia por lo verdadero de las cosas. Por la pureza de las gentes. Por la desnudez de mi paisaje y por mis amigos. Mi última conclusión es que el hombre en Nueva York es como una rata. El hombre no fue creado para esta artificialidad. Hay una imperiosa necesidad de volver a la tierra. Palparla, olerla”. Y es inevitable sentirnos contagiados en nuestro viaje con su sensibilidad por la vuelta a la naturaleza, por su espíritu hedonista y su lucha por “ser capaces de vivir en vez de dominar a lo viviente”.

De él hemos aprendido que una vida buscando la ética a través de la estética es posible, que el ser humano tiene el deber de armonizar su existencia con la del entorno que habita; escuchar, sentir, meditar… Una inspiración que junto con las rutas por los volcanes del Timanfaya, los atardeceres en las Salinas o los platos de gofio y papas con un Malvasía volcánica, completan una escapada memorable. Repetiremos.

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